Una Biblioteca Ecuatoriana en el Colegio Noviciado de Cotocollao

Articulo con el que el P. Aurelio Espinosa Pólit presento a la Biblioteca Ecuatoriana recién creada como un tributo de homenaje a la República del Ecuador en su centenario (Mayo 1930)  



En este año centenario, en que la República multiplica las regocijadas festividades que deben conmemorar su constitución definitiva y hacer tomar conciencia al pueblo ecuatoriano de todo lo que supone para un país su primer siglo de vida independiente, no estará mal atraer la atención hacia una iniciativa, que no, por menos ruidosa, deja de ser genuinamente patriótica. En los labios de todos está el nombre sagrado de patria; es anhelo común contribuir a cuanto puede realzar su lustre; y quizás no se piensa que la patria es algo más que el suelo amado que nos vio nacer, que es algo espiritual que debe informar nuestra vida, y que así como se ha de defender de la invasión el suelo de la patria, así se ha de efender también el espíritu de la patria de otro enemigo más artero y más temible: la inconciencia y el olvido.
Y ¿cómo conservar íntegro el espíritu de la patria, cómo mantener vivo y alentador el recuerdo de los héroes que la crearon y de los hombres grandes que pacientemente la formaron en el curso de esta primera centuria? Las fiestas pasan, sin dejar en pos de sí más que el dulce pero fugaz perfume del recuerdo; los monumentos son emblemas grandiosos pero mudos; la huella sensible del alma de la patria, mucho más que en ellos está en los escritos de sus más esclarecidos hijos. El canto inmortal de Olmedo, la Historia de González Suárez, las prosas de León Mera y Montalvo, los versos de Crespo Toral, son algo de la Patria, tan y más quizás que los edificios coloniales y los monumentos a los próceres. Conservar cuidadosamente estos escritos no solamente los de los más grandes, sino cuanto han brotado de una pluma ecuatoriana, aun lo más humildes; procurar de este modo reunir y ordenar todos los sillares de la que ha de ser un día nuestra tradición nacional, religiosa, histórica, científica y literaria: tal es el fin de la Biblioteca de Autores ecuatorianos que recientemente se ha fundado en el Colegio Noviciado de Cotocollao.
Acoge esta Biblioteca cuanto por cualquier concepto pueda abarcar la bibliografía ecuatoriana: libros, folletos o aun hojas publicadas por ecuatorianos ya sea dentro de la República, ya fuera de ella; escritos de extranjeros dados a la estampa en nuestra patria; reimpresiones ecuatorianas de obras extranjeras; trabajos de cualquier procedencia relacionados con el Ecuador; finalmente ilustraciones y manuscritos o de ecuatorianos o que interesan a nuestro país.

 

La primera base de esta Biblioteca la constituyeron los volúmenes que se pudieron recobrar de la del difunto doctor don Aurelio Espinosa C. entre los cuales había una preciosa colección de folletos antiguos y muchos tomos avalorados con dedicatorias de nuestros grandes escritores de fines del siglo pasado.
En torno de este primer núcleo se han ido multiplicando los libros y sobre todo los folletos, pues sabido es que es muy notable el predominio de estos en nuestra producción nacional. La mayor parte de estos folletos está todavía sin empastar, esperando a que su número permita la formación de misceláneas bien clasificadas. Esta clasificación se haría conforme a las secciones en que se divide la Biblioteca:
1º. Publicaciones oficiales; Historia y Geografía Patrias; Monografías y Biografías; 2º. Documentos eclesiásticos, Reseñas de obras católicas, Escritos referentes a las Ordenes religiosas, Oratoria sagrada, Libros piadosos; 3º. Publicaciones científicas, Obras de Pedagogía, Libros de texto; 4º. Producción literaria en todos sus ramos; 5º. Colecciones de ilustraciones, álbumes, autógrafos interesantes; 6º. Revistas.
Para lo que puede y debe llegar a ser una Biblioteca que aspira en lo posible a reunir
nuestra producción nacional, muy a los principios está todavía la de Cotocollao. Con todo en el año que lleva de existencia, no son despreciables las adquisiciones que ha hecho.


Estas se van multiplicando, gracias a la generosidad de benévolos bien hechores, de los que citaremos solos dos, el insigne poeta doctor Remigio Crespo Toral y el fecundo dramaturgo y novelista doctor Víctor M. Rendón que, al tener conocimiento de la formación de esta Biblioteca, se dignaron enviar para ella gran parte de sus obras. El mismo amor puro de la ciencia y de la cultura ha sido a veces el móvil de muy apreciadas donaciones, como en el caso del eminente arqueólogo carchense señor Carlos E. Grijalva, que al ofrecer a la Biblioteca ecuatoriana de Cotocollao un ejemplar del rarísimo álbum de Antigüedades del Carchi por el Hmo. González Suárez, decía que el pensar en la triste suerte que corren libros preciosos de bibliotecas particulares por el fallecimiento de sus dueños le hacían preferir desprenderse de tan valioso ejemplar y asegurarle en la biblioteca de una institución permanente el cuidado y estima que se merece y el servicio científico que puede prestar.

Cuenta la Biblioteca Ecuatoriana de Cotocollao con local propio, al lado de la  Biblioteca de Letras, separadas ambas de la Biblioteca general. Esta última tendrá más de 8.000 volúmenes, y la de Letras unos 3.500, en su mayoría muy escogidos, y algunos con toda probabilidad, sobre todo en las secciones de literaturas clásicas griega y latina, ejemplares únicos en la República, como la gran colección crítica de clásicos antiguos que están publicando las Universidades de Francia, y muchas ediciones científicas francesas, inglesas y alemanas.
Todo esto es obra de grandes sacrificios y también de grandes generosidades, que nos complacemos en recordar y agradecer. Pero bien empleados están sacrificios y generosidades en lo que tanto contribuye al servicio y gloria de Dios y al adelantamiento cultural de nuestra patria.

Aurelio Espinosa Pólit S.J.
Prefecto de Estudios en el Colegio Máximo.




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